Rogelio García Vázquez

Rogelio Garcia VazquezRogelio García Vázquez viene al mundo en Maguilla (Badajoz), en el seno de una humilde familia campesina. Es en este pueblo donde abre sus ojos a la luz de los cielos extremeños y al blanco de sus fachadas. Suficientes estímulos para el que nace artista.

Ya de niño, dibuja todo lo que ve en los encalados muros, intentando apresar la realidad. A esta edad, deslumbrado por los colores ceremoniales de su iglesia, se hace monaguillo, llenándose de los oros de los retablos, de los rojos y blancos de los ropajes, de las suaves penumbras de sus rincones.

Dibuja y pinta de forma autodidacta. Ante este torbellino, su madre le envía a clases del pintor extremeño Cobarsi.

Pero es hijo de la tierra y tiene que ensanchar horizontes. Parte para Madrid y se ocupa en diferentes trabajos, camarero, pintor de brocha, clases de pintura con el profesor Labrada, cortador, sastre. Estalla la Guerra Civil. Continúa la vida, diseñador, modisto, fundador del Grupo Velázquez y de la Asociación de Pintores y Escultores, empresario, profesor de dibujo y pintura. Vivencias que llenan su subconsciente y que se irán derramando a través de sus pinceles.

A lo largo de esta vida azarosa, su arte autodidacta bebe del barroco clásico español. De Velázquez atrapa su manejo de la luz, circulando dentro de sus telas y rodeando las figuras, y la sublimación poética de los seres humildes. Murillo le presta su colorido y su intimismo realista. Zurbarán, blancos y bodegones. De Ribera toma aquellos gestos de sus incomparables viejos. Se deslumbra ante el trazo rotundo y vigoroso de Goya, dejándose arrastrar por el mundo expresivo de las “pinturas negras”. Las enseñanzas de Corbasi y Labrada le transmiten el realismo costumbrista, continuación de Millet y Daumier, que levantan la figura humana con su trabajo en un inspirado espíritu de fraternidad. Capta tonalidades en los preciosismos coloristas de Fortuny y en el impresionismo clasicista del luminoso Sorolla.

Viaja a Europa, Renacimiento italiano, ensueño de Venecia, clasicismo florentino, luces quietas de Brujas. Barroco holandés, con los ventanales de Veermer, iluminando tranquilas figuras hogareñas, pinceladas de Hals, bodegones de Heda, luz a través del brillo del cristal y del agua, reflejándose en manteles y viandas. Y Rembrandt, incluido para siempre en su paleta: hondura en las expresiones, manchas gruesas, fondos de penumbra que no siguen las leyes físicas, aceptaciones de la vida y el hombre retratado con alma.

Pero el espíritu de García Vázquez busca más, le falta algo que percibió en la luz de su Extremadura. París le entrega su impresionismo, ya está el pintor colmado, visión y luz que se captan con colores sueltos y se unen en la rutina, toques yuxtapuestos para conseguir la sensación, encuentros con Monet, Renoir, Degas, Toulouse, en revoltijo de sensibilidades. Todavía sigue buscando, ya tiene la luz, pero hay que soñarla. Turner le espera en Londres y le presta sus atmósferas imaginarias que se retuercen en sí mismas, haciéndose sueños más que realidades.

De esta amalgama de vivencias, de sentimientos, de estudios, surge el estilo personalísimo de Rogelio García Vázquez, todo vitalismo y sensibilidad, ternura y profundidad. Breve dibujo, fácil y suelto que presta un ligero soporte para transmitir el pálpito de las cosas vivas. Magistral conjunción de tonalidades cálidas -rojas, naranjas y amarillas-, con aquellas frías -Verdes, azules y violetas-, unas veces de forma violenta y otras mediante tenues veladuras, estableciendo escalas de intensidades. Alternancia de luces y penumbras, donde la abstracción de sus fondos juega con la luminosa realidad temática, entrecruzándose íntimamente los dos sistemas cromáticos. Toda esta técnica va a servir para enaltecer lo humano, lo humilde, lo verdadero.

Este mundo artístico, profundo y sensible, se desparramará en una obra incontenible, a través de exposiciones, certámenes, museos, colecciones particulares, transmitiendo siempre su alegría de vivir, su insatisfacción y su búsqueda de la belleza.

Maguilla conoce poco a poco a su pintor, sus triunfos, sus cuadros que van llegando en donaciones, y se siente orgullosa, y le homenajea, y le hace su hijo predilecto, culminando en el ofrecimiento generoso de este espacio, por su ayuntamiento, para poder disfrutar de la pintura de Rogelio, y así entrar en comunión estética con su arte, albergando este complejo temático, donde no sólo apreciaremos la evolución última del artista, sino sus asuntos más recurrentes y obsesivos, donde se refleja el sentido más profundo de su personalidad creadora, constituyendo esta muestra el resumen monográfico más relevante del maestro extremeño.
http://www.maguilla.com/museo/vidayobra.php

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